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Un papá jugado por sus hijos...

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"Un papá jugado por sus hijos..."

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Un papá jugado por sus hijos...

Cada día se juega para lograr “hacer familia”, asegura este exitoso rinólogo-cirujano plástico nasal .Y siente que su real éxito en la vida es tener a sus hijos muy cerca. Una historia singular, construida con harta conversación y juntarse con cualquier pretexto en una casa bien grande, que también recibe a los amigos de los mayores en sus días de “carrete”, cuenta. 

La emoción, matizada a veces con su habitual buen humor, aflora muchas veces durante la conversación con el Dr. Renato Rebolledo. Emoción cuando se acuerda de cómo lo formaron sus padres, lo que sirvió de inspiración para aprender a ser papá. O al nombrar a su primer hijo, que nació con síndrome de Down y murió a los seis meses de edad. Emoción y orgullo cuando revive los buenos momentos que pasa con sus cuatro hijos. Con ellos ha logrado “hacer familia”, como él dice, en singulares condiciones. Y buen humor cuando cuenta que se ha casado y separado tres veces, que sus niños tienen tres mamás diferentes, con las cuales mantiene una excelente relación y que, aunque no le fue muy bien en lo matrimonial, cree absolutamente en la familia. “¡Cómo me voy a arrepentir de haberme casado si tengo unos hijos maravillosos!”, dice. 


–¿Y cómo influyeron sus padres en su tarea como papá? 

–Es mi punto de partida. Provengo de una familia muy tradicional, papá mamá, hermanos, abuelita que vivía con nosotros. A mi 

y salida y sabías que estaba. Compartíamos mucho en la mesa familiar. Con él recuerdo dos experiencias fantásticas. Su regalo al cumplir yo los 21 años: la llave de la casa, diciéndome "ahora podrás llegar a la hora que quieras sin tener que pedir permiso... y cuando me recibí como médico, a los 25, otro obsequio: un reloj despertador, que todavía conservo y me dijo: ‘Ahora vas a necesitar este reloj, porque ya no voy a poder despertarte, ya que te irás’. Y así era, tenía que irme a ejercer como médico rural. Me impactaron sus mensajes. 

En ese tiempo, cuenta, conoció a su primera esposa, estudiante de medicina y luego neuróloga. 

“Al año de matrimonio tuvimos nuestro primer hijo, Renato Javier, que nació con Síndrome de Down y una cardiopatía congénita y falleció a los seis meses”, cuenta quebrándose por este recuerdo permanente, que ha traspasado además a sus “niños”. 

“No se olvida esa pena... bueno, luego llegaron Ninette Constanza hoy de 26 años y Gustavo, de 22. Me separé y casé de nuevo, y de ese matrimonio tengo a Valentina, de 15 años. Volví a separarme y en este tercer matrimonio (hoy está divorciado) nació María, que tiene cuatro años. Con ella estoy viviendo todo lo que no viví con los otros, ¡casi como un fascinado abuelo!”, afirma riendo de buena gana.. 

“Los dos mayores van casi todos los días a mi casa, almuerzan conmigo. Aunque vivo solo, y con una nana muy amorosa, elegí una casa grande precisamente para estar con los cuatro, cómodamente. Y todos tienen su dormitorio, para que se queden a dormir cuando quieran. He logrado reunirlos, a veces es un rico asado, una buena conversa. Hay mucha comunicación. Y hacen todos sus carretes en la casa”. 

–Como médico, ¿ha querido que alguno de ellos siguiera su profesión? 

–Es lo que siempre quieren los médicos, pero ellos fueron libres para hacer lo que quisieran. Ninette estudió ingeniería comercial y hoy está emprendiendo con un bonito salón de belleza que bautizó “La niña María” en Nueva Costanera. Gustavo está en cuarto año de la misma carrera y se inclina por la economía. Con Valentina ¡ahí voy a tener un médico! Es una extraordinaria alumna, buena compañera, obtuvo el premio del espíritu en su colegio, lo que me llena de orgullo. Ya se está preparando para estudiar medicina. Y la María, parece que también va a ser doctora, porque ella dice que es la “doctora juguete”... es una hermosura. 

Otro punto a favor, sostiene, es que tienen una muy buena relación con las madres de sus hijos. 

“Los pude ver siempre. Ellas saben que soy un buen papá y los niños son felices. Ellos son hermanos hermanos, porque yo no tengo medios hijos”,explicas una sonrisa. 

“Conozco muchos casos de hermanos de papá o de mamá que ni siquiera se conocen. Y el hecho de que los hijos se conozcan y se junten, no depende de la mamá, sino del papá fundamentalmente.Yo lo he vivido así”. 

–¿Cuesta compatibilizar el trabajo como médico con el tiempo dedicado a sus hijos? –¡Es una bendición dedicarse a los hijos! Un médico puede programar su tiempo, incluso si uno de mis niños tiene un problema de salud, por ejemplo, cambio mi agenda sin problemas. Y no es que me esté tirando flores, aclaro, porque pienso en el fondo que más que un día del papá debería crearse un día del hijo... 

–¿Y ellos qué tal lo encuentran como papá? 

–Regalón... demandante. Sí, soy bien demandante. Ellos sienten que estoy pen- diente de todo lo que les pasa. 

–Y en cuanto a valores, ¿cómo se han formado a sus hijos? 

–Me interesa que actúen con honradez y sinceridad, que vayan con la verdad por delante, que sean caritativos, que se preocu- pen del otro. Aunque les aconsejo que no se dejen pisotear, eso sí... “Mucha humildad causa menosprecio” como decía mi madre, que falleció hace algunos años. 

–¿Y el valor del dinero? 

–Viene por añadidura, por un trabajo bien hecho. Jamás pensé hacerme rico como médico, sinceramente, nunca fue mi meta. La mayor riqueza es ser un “winner” como papá, sin duda, y dejar a mis hijos bien preparados para la vida, para que busquen su felicidad, que vuelen, que viajen ,que vean otros mundos y vuelvan siempre, por supuesto. Ellos saben que el papá siempre los está esperando. 



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